jueves, 2 de octubre de 2014

Perdone usted la pregunta


He estado pensando en esta pregunta todo el día. Esta mañana, al despertar, tuve una visión de usted; una visión que, por lo general, siempre me acompaña. 

Al caer la noche, cansado y cargando la soledad en esa fría habitación que se vuelve aún más helada al caer el sol, me encuentro meditando. Mis ojos recorren las paredes y me cuesta conciliar el sueño. A menudo, pierdo la razón mientras abrazo la almohada, formulando preguntas a su imagen que danza en mi mente.

Durante el día, la soledad ha sido mi compañera constante, acariciando los aspectos ásperos de mi ser que anhelo suavizar. Cada rincón de mi corazón clama por limar esas aristas para dar paso a la ternura que deseo expresar.

Y cuando llega la tarde—oh, cuántas horas he esperado para hacerle esta pregunta—mi mente da vueltas incesantes buscando razones para acercarme a usted. Preparo mis palabras con cuidado, pero rara vez me complico de esta manera; el peso de los preámbulos casi me hace olvidar la esencia de lo que quiero decir.

Así que aquí estoy…

¿Me ama usted como yo le amo?

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